La duda genera deuda

Entró y salió, llegó y se fue, volvió y se quedó, y ya no supe qué hacer.
Esa duda que visita mi cabeza es como una pequeña hija inquieta de la desconfianza.
Me visita cuando quiero tomar una decisión, y con tono de burla o inquisidor me señala sin un poquito de compasión.
Dudar me hace sentir en deuda conmigo, con los otros y con todo lo que me rodea. En  deuda porque cuando dudo no me doy la oportunidad, tampoco se la doy a otros.
Dudo porque temo equivocarme y luego sentirme culpable.
Dudo porque puedo arrepentirme.
Dudo porque no creo en mí.
Mientras siga creyendo en el error, entonces no tendré salvación.
¿Y si más que errores hubiera oportunidades? ¿y si más que arrepentimiento hubiera aprendizaje?
Entonces la duda ya no me podría asustar, pues lo que decida siempre me puede aportar.

   Por Marisa G