Un mundo sin rumbo

Un esclavo de la aceptación vive en el exterior esperando ser visto para no pasar desapercibido.

Busca ser reconocido sin haberse conocido.

Vive en un mundo sin rumbo, porque las decisiones que toma no vienen de su ser, sino de su necesidad de pertenecer.

Se confunde al pensar que manipular, convencer o chantajear son formas de comunicar.

Le importa mucho el que dirán, pues se otorga valor a través de la opinión de los demás.

Es feliz si lo alaban, es infeliz si no le llaman.

Pretende ser querido sin quererse a sí mismo.

Afortunadamente, la esclavitud tiene liberación cuando se deja de buscar afuera lo que únicamente se encuentra en el interior.

Aceptarse es honrarse, es liberarse del laberinto mental que te hace pensar que necesitas ser necesitado para ser querido, incluido o valorado.

Por Marisa Gallardo

            MaGa