De defectos a afectos

Hola,

Han pasado ya algunos días desde que escribí la entrada anterior y hoy no he querido dejar pasar la ocasión de poner en tinta y papel algo que despertó mi curiosidad y mis ganas de investigar.

Estaba yo haciendo un viaje al pasado para recordar lo primero que “tuve claro” sobre mi persona o más bien lo que di por hecho sobre mí a partir de que tuve uso de razón y aunque tuve una infancia muy feliz, la primera imagen que vino a mi mente fue la de una niña de entre seis y ocho años. Cuando la vi frente a mí le pregunté: ¿Quién crees que eres tú? Además del nombre me dijo que era tímida, despistada, desordenada y nada buena en matemáticas, que le gustaba bailar, soñar y dibujar. No pude evitar sentir ternura mezclada con tristeza al descubrir que lo primero que tuvo claro de sí eran conceptos que en el mudo adulto se definen como defectos.

Lo anterior me puso en movimiento y me di a la tarea de hacer un ejercicio. Preparé una hoja que en el encabezado decía: Lo primero que supe sobre mí forma de ser…

La repartí a varias personas que estuvieron de acuerdo en colaborar con mi pequeño experimento y cuál fue mi sorpresa al descubrir que sus respuestas fueron muy parecidas a la mía. Más defectos que talentos.

Lo anterior a mi parecer reafirma que hemos crecido en un mundo de conversaciones basadas en: “Deberías de ser”

Deberías de ser lo políticamente correcto, deberías de ser como marcan las normas, deberías de ser todo lo contrario a lo que eres para poder pertenecer a un mundo en el que más vale hacer lo que se debe que lo que se quiere.

Todos los deberías salen de la necesidad, del creer que nos falta algo que deberíamos tener para entonces poder ser. De querer ser perfectos y olvidar que es precisamente nuestra imperfección la que nos llena de perfección.

Si queremos romper con este patrón de conducta la solución comienza en la educación. A estas alturas de la vida ya no podemos seguir educando hijos que crezcan creyendo que es su deber saber de todo, prisioneros de la agenda cargada de múltiples extra escolares y clases particulares que les refuerzan la idea de lo malos que son para varias cosas y que les mandan día con día el mensaje de “tienes que estar a la altura para competir”, “debes prepararte para ser alguien”pero… ¿qué acaso no son ya alguien? Es momento de aprovechar el tiempo para fomentar sus dones y talentos.

Si pudiéramos hoy ser conscientes de que ya no es funcional el tipo de dialogo que habla desde los defectos, ya que empaña nuestros talentos y los sepulta bajo un montón de interpretaciones que nos condicionan a actuar desde la inseguridad, podríamos rediseñar una nueva realidad en la que la pasión tome las riendas y destierre para siempre la sensación de sentirnos en deuda.

Construyamos diálogos desde lo que somos y no desde lo que interpretamos que carecemos de. Entrenemos nuestros sentidos y nuestra habla a percibir lo maravilloso de nuestra existencia. Escuchemos la voz que nos guía, que sabe a verdad porque provine de una inteligencia divina y dejemos de maquillar nuestros complejos con el esfuerzo de pretender para simplemente poder fluir con la sencillez y alegría que se desprende de la parte genuina de donde surgen los regalos de nuestro ser.

“Es cuando reconoces las cosas brillantes en ti, cuando tus defectos se transforman en afectos y dejan de ser impedimentos”.

Por Marisa Gallardo 

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