Cuando las circunstancias parecen obscuras no queda más que respirar profundo y recordar que:

Las situaciones de la vida no son ni buenas, ni malas. Simplemente se presentan y hay que vivir sin etiquetarlas.

Lo que llega envuelto en una caja de aparente dolor, no tiene un ¿por qué?, sino más bien un ¿para qué? que nos lleva a la evolución.

De nada sirve buscar culpables, enojarse con el mundo o victimizarse, pues nada productivo surge de la lamentación, sólo un profundo estado de apatía, soledad y frustración.

Aferrarnos a lo que queremos no lo hace más nuestro, ya que eso sólo demuestra nuestro temor a soltar y perderlo.

Aceptar lo que sucede no significa que nos resignamos o que nos rendimos, sino que somos capaces de reconocer  que el buen humor y  la actitud fundamentada en el amor son poderosas herramientas para vivir en paz interior.

“La verdadera fortaleza se alimenta de la certeza en una fuerza superior para la que no hay imposibles y todo tiene solución.”

Por Marisa Gallardo

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