Si me lo propongo ¿por qué me opongo?

Estoy a escasos días de que termine el año y como un puñado de arena los minutos y segundos resbalan entre los dedos de mis manos. El tiempo no se puede sujetar, sólo lo puedo capturar en fotografías y en  los recuerdos que guardo celosamente bajo el cofre sagrado de mi mente.  Aunque sé que no hay marcha atrás, no puedo evitar revisar la interminable lista de propósitos que en teoría planeaba realizar y con pesar descubro que todo sigue igual, que mis propósitos para el próximo año no sólo son los mismos que los de este año, sino que son los de siempre desde que tengo uso de razón y por si fuera poco mis enemigos para cumplirlos también son los mismos: la supuesta falta de tiempo, de perseverancia y de determinación, la pereza y el peor de todos la fuerza de voluntad. Dios ¿por qué me has dotado de tan poca o más bien de ninguna? ¿Dónde se compra la fuerza de voluntad? Deberían de venderla en capsulas o en tarros de crema para untar por todo el cuerpo.

De pronto lo veo claro… es mi actitud la que me hace perder la fe, pues el simple hecho de leer la supuesta lista me hace sentir una sensación de pesadez y es que no sé en qué momento del camino me pierdo y dejo de ver que en realidad mis propósitos son propuestas para hacer mi vida mejor, para motivarme e inyectarme de ilusión. Vuelvo a revisar la lista y esta vez soy más selectiva vigilo que mis propósitos surjan desde mi interior y no desde el exterior. El secreto está en cambiar los “debo hacer” por “quiero hacer”, pues los QUIEROS surgen del SER y los DEBOS del QUERER PERTENECER.

Ahora soy consciente de que mi fuerza de voluntad siempre ha estado presente, ya que también se necesita voluntad para quedarse sentado y no mejorar, para dejar todo para luego y no avanzar. Las palancas que  ponen en marcha dicha fuerza se llaman decisión y compromiso, pero es la actitud la que determinará el logro de los objetivos.

“Dejar todo para luego no es buena opción porque te mantiene estancado y sin expansión. Haz que tus días cuenten por el simple hecho de estar presente en corazón y mente y vigila que aquello que te propongas hacer venga de un llamado genuino de tu ser”.

Por Marisa Gallardo

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