Cuando anulas tu verdadero ser

Una tarde de esas en las que tienes mucho que hacer, pero pocas ganas de actuar, mi cabeza empezó a girar y me entretuve y detuve buscando soluciones a preguntas que parecían no tener respuesta o por el contrario un sin fin de ellas. Se me ocurrió hacer una lista con situaciones que nos puedan servir de alarma para identificar cuando no estamos viviendo desde nuestro poder; es decir, desde nuestro ser.

A continuación enumero mis conclusiones:

Anulamos nuestro ser  cuando….

1.- Vivimos la vida del de enfrente- Sí, en definitiva no hay cosa más triste que vivir la vida de otro teniendo la propia, ¡qué pérdida de tiempo! Caemos en esto cuando estamos más al pendiente de los asuntos y logros de los otros que de los propios. Cuando entramos en competencia por no ser menos y acabamos dejando de ser. Aquí aplica muy bien esa frase de que siempre el jardín del vecino es más bonito, quizás sea más bonito en apariencia, pero no es nuestro jardín. El nuestro está hecho de las semillas que hemos sembrado con la autenticidad del propio ser. Aunque a primera vista nos parezca más fácil seguir el camino de otros que el propio, no significa que dicho camino nos lleve a donde queremos llegar, por el contrario es probable que nos lleve a perdernos.

2.-Cuando no hacemos lo que queremos- ¿Cómo poder ser nosotros si no hacemos aquello que nos nutre, que nos gusta, que nos llena y nos lleva a crecer? Somos expertos en encontrar mil y un pretextos que nos impiden hacer lo que nos hace evolucionar. A menudo nos invade un sentimiento de frustración que nos carcome por dentro y vivimos prisioneros en las jaulas que construimos con la ignorancia de creer que la vida es algo serio que no da pie al disfrute. Si bien es cierto que tenemos obligaciones que cumplir, también lo es que tenemos derecho para hacer aquello que nos haga sentir productivos, creativos y que nos provoque ese sentimiento de entusiasmo e ilusión que hace mover montañas y lograr metas por más altas que éstas parezcan.

3.-Cuando no somos congruentes con lo que sentimos y pensamos- Otra forma de anularnos es ocultar lo que sentimos por miedo al ya conocido ¿Qué dirán? Tememos no ser aceptados y preferimos mentir por convivir. Traicionamos nuestro ser y al hacerlo dejamos de ser genuinos, para ponernos una máscara que nos permita transitar por la vida con el disfraz del disimulo y la apariencia,  un disfraz que dista mucho de nuestra verdadero yo. Si tan sólo por un momento pudiéramos ver que no hay aceptación más valiosa que la propia, dejaríamos a un lado todos los juicios y prejuicios y nos daríamos la oportunidad a nosotros, pero también a otros de ser y de estar, pues  ahí comienza la verdadera libertad.

4.-Cuando no sabemos poner limites a nuestras relaciones- Si somos presa fácil para los que tienen labia y quieren influir en nosotros, si cedemos con facilidad a los chantajes, si no sabemos decir no, si tenemos la idea de que siempre hay que estar dispuestos para todos menos para uno, si nos resulta más sencillo creer en lo que dicen los demás y si dejamos que otros tomen las decisiones que afectan nuestra vida, sin duda estamos cediendo nuestro poder y nos estamos haciendo aún lado para que otros tomen las riendas y el control que en realidad únicamente nos corresponden. Poner limites no es un acto de agresión, sino un acto de amor y respeto.

5.-Cuando nos vendemos al mejor postor- Si por dinero, un puesto o cualquier cosa material pasamos por encima de nuestra integridad perderemos más que lo que en teoría ganaremos, pero sobre todo corremos el riesgo de generar tanta frustración y odio hacia nuestro propio ser, que el vivir con nosotros se torne en una auténtica pesadilla para los que nos rodean y peor aún para nosotros que viviremos en una cárcel hecha a medida.

En general todos los puntos están entrelazados y todos tienen un común denominador que se llama falta de amor propio. Sin embargo; querernos comienza con una decisión, ya que en la medida en la que nos valoremos y honremos; es decir, en la medida en la que nos aceptemos y abracemos lo que somos, en esa medida nos conoceremos y tendremos las herramientas necesarias para regresar a nuestro centro.

Si hemos de vivir esta vida con nosotros, empecemos por escucharnos, hagamos a un lado la guerra interna y estrechémonos la mano.

Por Marisa G. P

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